Y a esa necesidad que se enciende en la entrepierna como una llamarada y que incendia la razón la llaman amor,y dicen muero de amor porque mueren de la urgencia de la piel de otro,de verse reflejados en los ojos de otro.Pero hablan de un amor hecho a su propia imagen,lo invocan con triste acento de suspiros y lágrimas pautado,y a quien quiera escucharles le dicen y repiten cuánto sufren,cuánto aman,porque se han convertido en ridículos espías de los pasos de otro,en implacables jueces que condenan sin pruebas,y es que no en vano al niño amor lo pintan ciego,que ya lo dijo Tirso de Molina,porque ve lo que quiere ver y lo que inventa,y a veces lo que se llama amor es desvarío.
Desvarío y cadenas.
