19 ene 2016

Lo relativo de la vida

Empecé a escribir en blogs hace como unos quince años. Para, fundamentalmente, contar penas. Para desahogarme, para vomitar la mierda que llevaba dentro. Poco a poco, cuando lo oscuro se me quedó solo en la ropa, pasé a escribir también cuando era extremadamente feliz. Cuando habia algo que me iluminaba, algo que necesitaba escupir para justificar la sonrisa que llevaba puesta en la cara. Y no me arrepiento de ninguna de las palabras que he necesitado dejar aquí o en cualquier otra esquina. Me enternece ver lo cruda que veía una separación con 20 años recién cumplidos o lo muchísimo que me había marcado gente que ahora no está conmigo. Me enternece lo que he sido. 
Una se hace mayor, y de vez en cuando, le da por releer historias antiguas, de cuando pipiola. Con casi treinta años me da la nostalgia bien poco, pero de vez en cuando me da. 
Hoy, el blue monday que le llaman, me ha dado por darle un repaso al blog y me he chocado de narices con la relatividad de la tristeza. De todas las entradas tristes que he leído, y ojocuidao, que son muchas, solo una me ha arrancado una lagrimita. 
Y ninguna tiene que ver con amoríos, con rollete que te larga o el trabajo de lo tuyo que nunca llega. 
La relatividad de la vida, que a momentos hace que la vida se te antoje lo mas mierda y al cabo de años te ries de tu propia estupidez, por haber perdido el tiempo llorandole a una vida que tenia más de fugaz que de vida. 
Mi pequeña bola de pelo es lo único que ha conseguido emocionarme, de lo demás, me rio.

18 mar 2015

Las relaciones son difíciles.

Es la frase estrella de la que me llevo riendo desde el sábado. Estar contigo es sencillo, yo te riño por llegar tarde, tu inventas una excusa cada vez peor y yo me enfado lo que dura el camino en coche entre mi casa y la cartuja. Ahí ya no puedo más y te digo que me digas algo bonito, tu pones cara de mero, y ahi acaba todo. Eso es lo más duro a lo que nos enfrentamos tu y yo cada día. No es difícil. 
No es difícil porque haces el payaso al mismo nivel que yo. No es difícil porque dos años y tres meses despues sigo mirandote pensando que no cabe en una vida tanta buena suerte. No es difícil porque no te importa que te llame solo y exclusivamente para decirte que me quieras, tu me lanzas un gruñido y me haces la señora mas feliz del mundo. No es difícil, porque has venido a por mí a las tantas de la madrugada simplemente para estar al lado mío. No es dificil, no señor. No es difícil porque sale solo. 
Contigo fue fácil desde el principio. Y eso es una de las cosas que me enamoró de tí (no que fueras facilón, bueno... no solo eso), que no tengo que parecer lo que no soy. No es difícil porque tu me aceptas tal cual. Y yo te acepto como vienes. 

30 ene 2014

Contra lo que pesa...


Hace casi cinco años que acabé la carrera y siempre he sentido que he pasado por ahí sin pena ni gloria. Me dieron una oportunidad que en su momento creí que no era justa y desaproveché. Lo hice mal, la dejé pasar. Desde entonces he estudiado, he hecho prácticas, he tenido una beca y he trabajado de lo mío un poquito. Muy poquito. El resto del tiempo lo estoy pasando escondida en un trabajo que no me llena, no me gusta, no me permite realizarme como persona, solo y exclusivamente porque me da miedo salir fuera, plantarle cara a mi cobardía y volver a empezar. Es mucho más fácil esconder la cabeza en un trabajo sin responsabilidades en el que no tengo que rendir cuentas ante nadie, y mucho menos ante mí misma.
Llevo días sintiéndome pequeña. Sabiendo que estoy dejando mi vida pasar y que es mucho más que probable que de seguir así, voy a sentirme ya no pequeña, sino gris e insignificante.
Por eso, si tienen que ponerme la cara colorada, lo harán. Pero he de dejar de esconder la cabeza debajo del ala. Asumir que lo he hecho mal, que no me he movido, que me ha dado miedo asumir la responsabilidad de ejercer mi carrera, esconderme para no reconocerme a mi misma que no me esforcé todo lo necesario y que puede que haya dejado pasar demasiado tiempo, pero que aun no es tarde.
Así que me pongo una fecha inamovible para arreglar todo este desaguisado. En cuanto cobre el próximo sueldo de este trabajo que además de para esconderme me sirve para sobrevivir, voy a comprar tinta para la impresora, muuucha tinta. Y voy a empapelar de nuevo Sevilla, para volver a intentarlo.
Y esta vez tengo un plan B. Si resulta que no valgo, que me equivoqué, o que puede que sea tarde, voy a intentar estudiar de nuevo.
 
Total., nunca es tarde para empezar de cero.

20 ene 2014

Lo que el fulano me quiere

Me he puesto un antifaz ridículo en la cara en una sala abarrotada de gente.
Una nariz de payaso.
He cantado por la calle.
Te he contado chistes pésimos.
He criticado a toda fémina de tu pasado (y a toda aquella que ha querido ser señora de...)
He huído de tus padres por vergüenza.
Te he llamado por todos los moñamotes habidos y por haber. Ridículos todos, obviously.
Me he hecho esperar.
He tenido un incomprensible ataque de celos.
Te he reñido cada vez que me has llegado tarde (cosa que sucede con demasiada frecuencia)
He ocupado tu casa cada vez que sentía el tufillo a croquetas.
Te he hecho demasiadas veces decir la expresión "Qué señora..."
Te he hecho el gruñido sepsi en medio de la calle.
Y te he regalado ropa, con lo que tú odias que te regalen ropa...

Así durante un año, y me he guardado las cosas más vergonzosas porque aqui aun hay gente que me lee.

Y aun así me quieres. Y me haces feliz. Y me completas. Me complementas. Me llenas de aire fresco. Me devuelves la sonrisa cada vez que se me esconde un poco.

Qué curiosa es la vida...

28 oct 2013

Yo no me quiero ir


Terminé la carrera hace cinco años. El máster hace cuatro. Los demás cursos hace tres y dos años. Y hace dos años que no trabajo de lo mio. Trabajo por horas en una empresa de comida rápida que paga a 5€ la hora de trabajo. Y no, no me planteo salir del país a buscar trabajo. 
Y parece ser que no querer salir de este país con mis condiciones es una obscenidad. Es una desfachatez y una osadía grandísima. Querer quedarme junto a mi familia y mi pareja es sinónimo de no tener vocación, de no querer superarse y desde luego, de no tener ni mijita de ganas de ser una ciudadana de provecho. 
Adoro mi carrera, no habría sido capaz de estudiar (casi) ninguna otra cosa, pero más adoro mi tierra. Mas adoro poder algún dia estrenar un cuchitril de alquiler y poder decirle a mis padres que vengan a verme. Más adoro poder ver a mi sobrino crecer. A mis amigos avanzar. Adoro más todavía tener cerca a la gente que necesito. Tomarme las uvas con mis hermanos. Adoro aun más la idea de poder celebrar mis cumpleaños con mis amigos. De poder abrazar a alguien en el momento que me necesite y no mandarle un beso por skype.
Perdónadme, pues, por querer algo que se han encargado los de arriba de joder.
Plantéense que en lugar de instarme a disfrutar de esta maravillosa "movilidad exterior" deberían arreglar algo que han estropeado ustedes. Planteénse que hay miles de jóvenes como yo yéndose lejos de sus familias y formando las suyas. Y que quizás, solo quizás, formen una familia lejos de aqui y no vuelvan. Están separando gente. Por cojones.
No es movilidad exterior. Miéntanse ustedes, si quieren. Es exilio.

29 jun 2013

Seis grados de separación

Se le llama “Seis grados de separación” a la hipótesis que intenta probar que cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios (conectando a ambas personas con sólo seis enlaces), algo que se ve representado en la popular frase «el mundo es un pañuelo». La teoría fue inicialmente propuesta en 1930 por el escritor húngaro Frigyes Karinthy en un cuento llamado Chains. El concepto está basado en la idea de que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena, y sólo un pequeño número de enlaces son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en la población humana entera.
 
 
 
 
El hermano de tu mejor amiga y yo fuimos a la misma clase en la facultad.
La ex de tu mejor amigo trabaja con un chaval al que no puedo soportar, que se hizo llamar amigo mío durante años.
He pasado por delante de tu facultad durante seis meses casi a diario. Aunque en bus, y no coincidiríamos en el porque tu siempre fuiste más de coche que de bus.
El chico que le hace las fotos a tu amiga cantante, es el mismo que le hace las fotos a mi amiga. Ellas, por supuesto, se conocen.
Una ex tuya es colega de un chaval que me tiró la caña mas de una vez (y más de dos).
Mi abuela es vecina de tu mejor amigo. Probablemente le haya mirado el culo incluso.
He hecho un curso en el edificio multiusos de al lado de tu casa, y pasado por tu campillo cienes y cienes de veces.
Mi mejor amigo, novio de tu hermana.
Le comprabas los condones a mi ex cuando estabas con tu ex.
Y yo me he paseado durante mucho tiempo muy, muy cerca de ti.
Salíamos por los mismos sitios.
Y nunca te vi. Y créeme que me hubiera quedado con tu cara. La primera vez que la vi ya se quedó ahí. Hablamos, bromeamos y nos despedimos. Volvimos  a vernos las caras (esa que ya sí conocía) algo después. Yo estaba algo deshecha. Tu más recompuesto. Y ahí empezó todo.
 
 
Lo que es la vida, he dado vueltas alrededor tuya sin saberlo. Debía de estar buscando pistas para encontrarte...
 
Todo este andar.
Perderse. Equivocarse.
Señalar rumbos.
Crecer en la alta noche
multiplicando rostros de silencio,
no fue sino buscarnos.
Desesperadamente.


31 may 2013

El día que me cambió la vida.

El día que me cambió la vida no hubo grandes acontecimientos, ni una gran escena final, ni música apoteósica ni unos largos créditos finales.
El día que me cambió la vida, me tomé un manchao de los míos, me canté un par de canciones, y me fui para mi casa. Eso sí, una jartá de guapa.
Y es que el día que me cambió la vida, no salió ni el sol. Por no tener, no tuve ni la capacidad de decidir si quería que ese día, MI DIA, me cambiase la vida. Siempre he sido así yo... Muy de dejar para mañana. Lo hicieron por mí, me dijeron: -Oye Rocío, que a partir de hoy, nada va a ser lo mismo para ti. Y no caben devoluciones, ni quejas, ni reclamaciones. Y así, sin más, me vi con las maletas de una vida nueva, en la puerta de una casa que no había escogido yo.
Tardé en darme cuenta. Mucho. Pero no tanto como para no poder ver que el día más malo que puedas recordar, el más triste, en el que lo único que falta es la típica chinilla en los botines, puede ser el día que te cambie la vida.