30 nov 2010

Disfrazando

Como si por taparme con maquillaje fuese a cambiar los fallos que hay por dentro...

22 nov 2010

Tengo curro ^^

Tengo trabajo y esta es la mejor foto que se me ocurre poner para contarlo. Yo con un cerdo de goma. Que pita, por cierto.

Jajajajajaja si, esta es mi peculiar manera de poner fin a un cúmulo de entradas gótico-emo-pesimistas para pasar a las de la euforia provocada por una baja de cuatro dias en un cole.  

Deséenme suerte, hace mucho que no me peleo con enanos

10 nov 2010

Blablabla...

¿Ustedes véis todo lo que rajo por aquí? ¿Lo muchísimo que me quejo y la de barbaridades que suelto por estos dedos? Pues soy incapaz de discutir. De decir lo que me molesta o lo que me jode. Y mira que me joden cosas... Todos los dias algo o alguien me toca la moral. No falla.
Y empiezo a sospechar (Lo sospecho porque alguien me lo ha dicho, yo sola no llego a tanto jajaja) que no voy a empezar a remontar hasta que no sea capaz de decir BASTA y cabrearme. Porque esa es otra. Jamás me cabreo. O sea si, me pillo unos rebotes del carayo. ¿Pero quien se los mama? Una servidora. No enfoco bien mi ira. Y no valgo para desarrollar una enfermedad mental propia y dedicarme a expresar mi sed de venganza haciendo sangre. No valgo ni un poco. Asi que o aprendo a sacar toda esta mierda de mí, del blog, y de quien me rodea que no tiene nada que ver con el tema, o me voy a quedar loca de verdad de la buena.

9 nov 2010

Mieditis aguda...


No me da miedo estar sola, ni pensar en que algún dia lo estaré. Todos vamos a estarlo tarde o temprano. Lo que me da miedo es algún dia, sea cuando sea... sentir un "Venecia sin tí".
Por suerte este no es el caso. Esta vez no hay amor, ni nada que se le parezca.


5 nov 2010

Trucos fáciles para días duros

  • Ver "500 días juntos".
  • Salir al sol por Sevilla a hacer fotos.
  • Pintarme los ojos de nuevo.
  • Disfrutar de las paletas separadas de mi sobrina.
  • Darse un baño de amistades.
  • Estudiar (Sí, estudiar...)
  • Fuera el polvo de mis estanterías.
  • Fuera lo viejo, viva lo nuevo.
  • Servesita en el Salvador.
  • ¿Alguna sugerencia?

1 nov 2010

Mejor solo, que solo y mal acompañado.

La sensación de vértigo y de plenitud que se siente encima de esa cascada es comparable con la de una decisión valiente. Saltar o no saltar. Es fácil, y a la vez, jodido. Puedes saltar, acojonarte por el camino, sentir esos dos segundos como los más largos de tu vida. Pero tarde o temprano llegas al agua. O te puedes quedar arriba. Quieto, parado, estático. Pero con la sensación continua de que alguien puede pasar  y, con solo un roce, tirarte de la manera más desafortunada del mundo. Y aunque el terreno esté solo, desierto, siempre puede venir una ráfaga de aire, o un traspiés con los zapatos, o una piedra que no viste en un lugar escondido del camino. Desde luego, saltar es la mejor opción. Porque una vez abajo, podrás disfrutar de cerca del paisaje. Paisaje que, entre otras cosas está desierto, porque nadie es capaz de llegar hasta él. Está empinado, hay escalones, piedras, corrientes de agua, hace frío y está nublado. Pero una vez estás en él sientes la paz que se siente cuando uno consigue algo con gran esfuerzo. Sientes entrar el aire en tus pulmones, la relajación de tus musculos y la satisfacción de llegar donde nadie llega, porque todo el mundo se pierde en el camino, es más facil parar cuando las cosas se ponen feas y volver atrás calentito y con los pies secos. Y tú dices... ¿Disfrutar de esto solo? Y te peleas por encontrar a alguien en cualquier parte, en un claro en el camino, cerca de las fuentes... Pero no aparece nadie. Y maldices el haber llegado hasta ahí para no poder compartirlo con nadie.
Ahora, imagínate de repente este sitio abarrotado de gente. Lleno. Repleto de gente que habla a gritos pero que no se dirige a tí, que corre hacia cualquier lado, que te empuja, que te pisa y que te tapa las vistas. No oyes el caer del agua, ni los pájaros, ni sientes el frescor del ambiente porque hay tanta gente que incluso estando al aire libre el ambiente está viciado. 
Has hecho el esfuerzo de tomar la decisión de saltar desde lo alto de la cascada, pasado el miedo que da el salto, la incertidumbre de si el agua tendrá profundidad, y el frio que se pasa mientras te secas. Lo has pasado todo. Y ahora no disfrutas nada. No lo ves, no lo sientes, no lo hueles.
Y es ahí cuando comprendes que más vale solo, que solo y mal acompañado.