30 ene 2014

Contra lo que pesa...


Hace casi cinco años que acabé la carrera y siempre he sentido que he pasado por ahí sin pena ni gloria. Me dieron una oportunidad que en su momento creí que no era justa y desaproveché. Lo hice mal, la dejé pasar. Desde entonces he estudiado, he hecho prácticas, he tenido una beca y he trabajado de lo mío un poquito. Muy poquito. El resto del tiempo lo estoy pasando escondida en un trabajo que no me llena, no me gusta, no me permite realizarme como persona, solo y exclusivamente porque me da miedo salir fuera, plantarle cara a mi cobardía y volver a empezar. Es mucho más fácil esconder la cabeza en un trabajo sin responsabilidades en el que no tengo que rendir cuentas ante nadie, y mucho menos ante mí misma.
Llevo días sintiéndome pequeña. Sabiendo que estoy dejando mi vida pasar y que es mucho más que probable que de seguir así, voy a sentirme ya no pequeña, sino gris e insignificante.
Por eso, si tienen que ponerme la cara colorada, lo harán. Pero he de dejar de esconder la cabeza debajo del ala. Asumir que lo he hecho mal, que no me he movido, que me ha dado miedo asumir la responsabilidad de ejercer mi carrera, esconderme para no reconocerme a mi misma que no me esforcé todo lo necesario y que puede que haya dejado pasar demasiado tiempo, pero que aun no es tarde.
Así que me pongo una fecha inamovible para arreglar todo este desaguisado. En cuanto cobre el próximo sueldo de este trabajo que además de para esconderme me sirve para sobrevivir, voy a comprar tinta para la impresora, muuucha tinta. Y voy a empapelar de nuevo Sevilla, para volver a intentarlo.
Y esta vez tengo un plan B. Si resulta que no valgo, que me equivoqué, o que puede que sea tarde, voy a intentar estudiar de nuevo.
 
Total., nunca es tarde para empezar de cero.

20 ene 2014

Lo que el fulano me quiere

Me he puesto un antifaz ridículo en la cara en una sala abarrotada de gente.
Una nariz de payaso.
He cantado por la calle.
Te he contado chistes pésimos.
He criticado a toda fémina de tu pasado (y a toda aquella que ha querido ser señora de...)
He huído de tus padres por vergüenza.
Te he llamado por todos los moñamotes habidos y por haber. Ridículos todos, obviously.
Me he hecho esperar.
He tenido un incomprensible ataque de celos.
Te he reñido cada vez que me has llegado tarde (cosa que sucede con demasiada frecuencia)
He ocupado tu casa cada vez que sentía el tufillo a croquetas.
Te he hecho demasiadas veces decir la expresión "Qué señora..."
Te he hecho el gruñido sepsi en medio de la calle.
Y te he regalado ropa, con lo que tú odias que te regalen ropa...

Así durante un año, y me he guardado las cosas más vergonzosas porque aqui aun hay gente que me lee.

Y aun así me quieres. Y me haces feliz. Y me completas. Me complementas. Me llenas de aire fresco. Me devuelves la sonrisa cada vez que se me esconde un poco.

Qué curiosa es la vida...