Llevo días preguntándome cómo lo hacen las personas para cambiar de principios como el que cambia de camiseta en verano. Llevo días preguntándome cómo las personas olvidan tan pronto.
Hace dos días me enteré que un chico, conocido mío (mejor amigo de aquel mejor amigo mio del que tanto y tanto he escrito), había muerto tras una enfermedad vegetativa que le había ido consumiendo desde que nació. Pues bien, yo lo conocí allá por 2001 cuando le dieron, como mucho, dos años de vida. Allá es un decir, se de memoria el dia exacto y el año en que nos presentaron (4 de Septiembre de 2001), porque esa fecha ha marcado mi existencia de una forma absolutamente decisiva. No sería quien soy si ese justo día no hubiese conocido a Chusi, Pablo y este chico. Y es una de las épocas más felices de mi vida, si no la que más. Y es por eso que, a pesar de no haber tenido mucho contacto con ese chico, me apena su muerte. Porque además del sufrimiento de la pérdida de esa vida, es como si se borrara un trocito de mi historia. Y estos días raros siguen con la otra parte de la historia. Al chico que murió siempre le acompañaba otro. Otro al que siempre admiré. Lo admiré mas profundamente de lo que puede que jamás haya admirado a nadie. Porque siempre le acompañaba y le ayudaba. Siempre lo ví encaramado a la silla de ruedas de su amigo para ayudarle a bajar por las escaleras. Mientras discurría mi adolescencia lo miraba de lejos en el instituto y le admiraba porque nunca había visto a nadie tan implicado. Ese chico que acompañaba al chaval de la silla de ruedas apenas un año después se convertiría en mi mejor amigo, mi alma gemela, mi hermano. Y nunca, nunca hasta hoy había dudado de sus principios. Han podido haber baches, obstáculos, cambios de camino, cruces, idas y venidas, pero nunca me había decepcionado tanto. Porque él, el que nunca fallaba, el que siempre estaba ahí, supo de la muerte de su amigo, y no avisó a las dos otras partes de la piña. Y sus principios cambiaron.
Y es que yo pienso que una persona son sus principios, si estos han cambiado... Será que aquel chico, pegado a una silla, dispuesto a ayudar en todo... ya no existe.

3 comentarios:
¿Te has parado a pensar en como el dolor puede llegar a cambiar a una persona?
Tras la muerte de un ser muy querido para mí yo desaparecí por completo, me quite de enmedio. Hubo quien vino a criticarme, a recriminarme no haber asistido a un funeral en el que yo debía haber estado en primera fila... nunca les respondi... que mi corazón no habría soportado ni una onza más de dolor.
Ese chico ya no existe, pero volverá a existir, cuando ya no necesite seguir sufriendo.
Ro, cariño, son formas de protegerse, de evitar el dolor al fin y al cabo!
Un abrazo enorme!
Disculpa que haya tardado en responderte, pero tengo una semana loca (tu ya sabes lo que es estar bien cargadito de trabajo).
En el orgullo no caí, creo, pero si dije e hice cosas de las que nunca me sentiré orgulloso, y me duró años la estupidez. Yo sigo pensando, sigo creyendo, que una persona de buen corazón puede darse un buen batacazo, pero siempre volverá a ser una persona de buen corazón. Si no consigue levantarse, mas que lamentar que un ángel haya caído, habrá que lamentar que otro demonio más se haya alzado.
Este viernes recito en el Homenaje a José Antonio Muñoz Rojas a las 22 en Plaza Nueva. Me gustaría verte por allí ^.^
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