27 ago 2012

Cómo conocí a vuestra tía María


Sevilla, 2030. 

Hijos, os voy a contar la historia de cómo conocí a vuestra tía María. 

Allá por 2005, servidora gastaba unas pintas inmundas, unos pelos inmundos y un gusto musical ligeramente reprobable. Además de todo esto, y siempre previamente a vuestro padre (Si es que consigo que vuestro padre sea quien a fecha 2012 quiero que sea), tenía un gusto cuestionable a la hora de buscar compañía masculina. Digamos que en 2005, tras varias cagadas sentimentales, decidí arrojarme en brazos de una diarrea monumental. Y empecé a quedar con un chico, llamémosle Piticli. Y una, que en aquellos momentos se conformaba con dos besitos y un par de "ea, ea", se enchochó con Piticli, que a su vez, se encontraba bastante poco enchochado por vuestra madre. La cuestión es, que Piticli, además de conmigo, estaba con otra chica. En mi defensa diré que no tenía ni idea de que esa chica (a la que conocía, y solía tirarme de los mofletes, y reconoceréis claramente porque os tira de los cachetes practicamente desde que habéis salido de este cuerpo) y yo eramos dos mujeres por un mismo Piticli. Total, que obviamente y como era de esperar, los dos besitos de vuestra madre y Piticli, fueron eso. Dos besitos y a otra cosa mariposa. Lo que no sabía Piticli, era que había desatado la caja de Pandora. Vuestra tía María y yo nos habíamos aliado para romper losetas de obra, romper botellas y beber tinto barato en macetas de dos euros.
Desde entonces, creo recordar, no ha habido ningún momento feo con ella. Ni una discusión. Ni una sola exigencia. Cada una da lo que puede, que siempre suele ser lo que tiene. Y eso está más que bien. Recuerdo fines de año en una casa de Salteras. Noches de chicas en la alfalfa con chupitos imposibles e intragables. Pintadas en una farola de la alameda. Ron miel con lima en el ñanñan de la susodicha plaza. Caminos a la facultad en el 36 saludando a gente que no conocemos. Angustias estudiando en la biblioteca. Que llueva en la biblioteca (WTF??). Cumpleaños. Viajes. Cotilleos. Visitas de erasmus. Y cafelotes de domingo.
Y es curioso como el tiempo entre vernos y vernos se puede hacer más o menos corto, pero no se nota su ausencia. Siempre está. No falla. Me entiende y la entiendo. 
Y fue, como dice la canción de Serrat, sin querer. Porque es caprichoso el azar.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué bonita eres m'ija (ah no, que mi madrastra eres tú jajaja). Caprichoso destino, mira lo que haces! Más de uno se arrepintió de nuestras idas y venidas, pero mira, que le den al mundo, yo soy mu feliz desde 2005 porque tengo a mi Cattyuska al ladito :)