13 abr 2010

90

El dia que, con 90 años y calentita en mi cama, venga a llevarme la muerte, solo tendré buenos recuerdos en mi cabeza. Solo tendré momentos cálidos. Solo recordaré las oportunidades que me brindó la vida incluso cuando perdía trenes.
El dia que, cuando me llegue la hora, tenga que irme para no volver, seré incapaz de borrar la sonrisa de mi rostro. Porque aunque no llego ni a los 24 años, todos los buenos momentos que he vivido podrán ocultar los malos.
El dia que, rodeada de la gente que quiero, exhale aire por última vez, solo me acordaré del primer beso, del tacto de la piel de mi abuela, del olor que dejaba mi padre en las sábanas cuando se despedía de mi. Solo recordaré el cosquilleo en la espalda de aquella primera vez en una isla del mediterráneo. Aunque no recordaré su cara, recordaré sus susurros y su espalda. Recordaré abrazos que no se volvieron a repetir. Recordaré mi primera borrachera a la orilla del rio. Las palabras sentidas desde el corazón. Las losetas rotas de rabia y las risas que le siguieron. Reviviré el viento que agitaba mi pelo en aquel descapotable. El primer trabajo. Un globo el día de mi 19 cumpleaños. Cuando mi madre me daba dinero a escondidas. La primera vez que tuve narices de ir a un sitio sola. El fuego. Sentiré el sol quemándome la piel en nuestra playa. El olor de la comida de mi madre. El nacimiento de Ariadna. El sabor del queso de aquel bar. El olor a coco que tanto coraje le daba a Domingo. La vainilla bourbon. La euforia del último examen de la carrera. El abrazo de mi niño. El primer biberón a aquel chiquitín que apretaba mi dedo con toda su fuerza.
El dia que, llegado el final de mi vida, cierre los ojos por última vez, espero haber vivido todos y cada uno de los minutos de mi vida con la pasión con la que escribo esto. Con la pasión con la que recuerdo todo aquello que ha hecho de mí la persona que soy.

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