Me disponía yo feliz y contenta a escribir sobre que me han vuelto a llamar para cubrir otra vez una baja en el cole, aguantando niños que son un cielo, que no escupen, que no muerden, que no pegan, y que piden las cosas por favor cuando mi feliz destino se trunca. Me veo aquí, culo aposentado en la silla, rodeada de humedades, y dispuesta a escribir un monólogo sobre los personajes que hay a mi alrededor desde que esta memoria que tengo, empezó a convertirse en un prodigio digno de estudio científico.
Porque para qué disimular... este blog no está para reflejar mis penas amorosas (eeeehm...) sino mis quejas. Mis continuas y justificadas quejas. Y el que diga que no son justificadas recibirá a un señor de europa del este que le hará una amable visita.
Como iba diciendo, que me voy por las ramas. Me encuentro en una habitación que no tiene nada que envidiarle al cubículo de Ortega Lara (por dimensiones, obviamente, esto es mucho más divertido). Es enano y tiene humedades. ¡Qué digo humedades! Los champiñones del supermario son nimiedades a su lado. De vez en cuando veo incluso a David el Gnomo rondando por aquí... pero oye, nunca está de más un poco de compañía ahora que salgo poco. Y dirán ustedes, y que tiene que ver esto con el título de la entrada. Pos mucho criaturas, mucho. La vecina que me moja (....) es un clon, pero cuando digo clon me refiero a superclon, de la omaíta de los morancos. Me moja un clon de la vieja de los morancos. Mu grande.
Pero oye, puede ser normal que la omaita te moje la casa y te la convierta en la isla de Perdidos. Mu lógico.
Es también mu lógico que un chorbo que te sacaba 5 años cuando tenías 16 años (Y ahora también, creo... No se puede ser guapa e inteligente a la vez, lo siento) y que fue el amor-platónico-transición entre un novio vikingo que bebe de un cuerno y uno que se ponía cinturones de balas, al que encuentras ocho años después (ea, ya se han enterao de mi edad...) no quiera quedar contigo para tomar una cerveza porque, cuan sensible es, como te gustó con esa edad, no sea que te pase otra vez. Cuanta sensibilidad. Se preocupa por mi estabilidad, por no partirme el corazón. Cuanto amor. Si no fuera porque he sido yo la que le ha dicho ocho docenas de veces (vez arriba, vez abajo) que no me interesa dar cobijo a su cimbrelito del amor, hasta pensaría que es un sol.
Amos no me jodas.


1 comentarios:
jejejejejejejejejejejejeje
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