8 nov 2012


Quise estudiar Trabajo Social desde que allá por 4º de la ESO leí en un folleto de orientación un anuncio de la Universidad promocionando mi carrera. Y si mis cálculos no me fallan aquello debió ser por 2003. Nueve años. Hacen ya nueve años. Creo recordar que leí algo acerca de facilitar la vida a los demás. De poder dedicar esas 8 horas de trabajo de tu vida diaria a que otras personas pudieran hacer de su vida algo más llevadero, menos duro. A hacerles llegar las herramientas necesarias para que llevasen una vida lo más digna posible. 
Nunca he sido una alumna a destacar. Siempre fui más bien de estudiar con el tiempo en el culo y la cabeza en las nubes. Recuerdo que en el cole un dia un profesor definió mis aprobados de la forma más clara que lo han hecho nunca. 
   Madre de una compañera que era un desastre en los estudios: Don Antonio, Rocío saca buenas notas, es buena estudiante.
   Don Antonio: No. Rocío no es de aquí (Señalando los codos y haciendo el gesto de hincarlos para estudiar) Sino de aquí (Señalando la cabeza, mi memoria.).
 Puedo llegar. Sí. Puedo aprobar. También. Pero no soy una persona brillante. No destaco. No soy la última de mi promoción, pero tampoco la primera. E imagino que este gris no me ayudará mucho. 

Hace cuatro años terminé la carrera. Con la misma alegría que la empecé. Llorando de felicidad conmigo misma y con los míos. Y mandando un sms que recuerdo desde la primera palabra hasta la última coma. Y solo he trabajado de "lo mio" nueve meses más dos de prácticas. Y sí, se que tal y como está la situación no puedo hacer mucho. No está en mi mano que mañana aparezca el trabajo de mi vida porque directamente, tendría que darme con un canto en los dientes por encontrar simplemente un trabajo. Se que hasta que la tormenta amaine tengo que aguantar el chaparrón. Pero siempre me quedará la duda de si de haber sido menos gris, menos del montón, ahora sería alguien con un trabajo de lo suyo. 

Desde hace aproximadamente quince días, ando rondando con un compañero de facultad y amigo la idea de empezar algo nuestro. Algo que, por supuesto, nos va a regalar muchísimos dolores de cabeza y muy pocas satisfacciones. Probablemente sea una de estas apuestas de darse mil veces contra un muro. De muchos portazos en la cara. Pues sí. Y tengo mucho miedo de darme el batacazo por ser tan gris. Tan ni fú ni fá. Pero además de miedo, tengo la oportunidad de demostrarme a mí misma que si quiero, puedo brillar un poquito. Lo justo para poder compararme con alguien, y esta vez sí, salir ganando.




1 comentarios:

Álex Ruiz dijo...

Yo también fui gris (y lo sigo siendo) y no me preocupa en absoluto. De hecho no estoy trabajando en lo que estudié. Terminé la Licenciatura de Humanidades con especialización en Documentación y estoy arreglando ordenadores.

Lo importante es que hagas lo que quieras hacer, que sea tu decisión y disfrutes con ello. Adelante a esos dolores de cabeza.