20 ene 2014

Lo que el fulano me quiere

Me he puesto un antifaz ridículo en la cara en una sala abarrotada de gente.
Una nariz de payaso.
He cantado por la calle.
Te he contado chistes pésimos.
He criticado a toda fémina de tu pasado (y a toda aquella que ha querido ser señora de...)
He huído de tus padres por vergüenza.
Te he llamado por todos los moñamotes habidos y por haber. Ridículos todos, obviously.
Me he hecho esperar.
He tenido un incomprensible ataque de celos.
Te he reñido cada vez que me has llegado tarde (cosa que sucede con demasiada frecuencia)
He ocupado tu casa cada vez que sentía el tufillo a croquetas.
Te he hecho demasiadas veces decir la expresión "Qué señora..."
Te he hecho el gruñido sepsi en medio de la calle.
Y te he regalado ropa, con lo que tú odias que te regalen ropa...

Así durante un año, y me he guardado las cosas más vergonzosas porque aqui aun hay gente que me lee.

Y aun así me quieres. Y me haces feliz. Y me completas. Me complementas. Me llenas de aire fresco. Me devuelves la sonrisa cada vez que se me esconde un poco.

Qué curiosa es la vida...

28 oct 2013

Yo no me quiero ir


Terminé la carrera hace cinco años. El máster hace cuatro. Los demás cursos hace tres y dos años. Y hace dos años que no trabajo de lo mio. Trabajo por horas en una empresa de comida rápida que paga a 5€ la hora de trabajo. Y no, no me planteo salir del país a buscar trabajo. 
Y parece ser que no querer salir de este país con mis condiciones es una obscenidad. Es una desfachatez y una osadía grandísima. Querer quedarme junto a mi familia y mi pareja es sinónimo de no tener vocación, de no querer superarse y desde luego, de no tener ni mijita de ganas de ser una ciudadana de provecho. 
Adoro mi carrera, no habría sido capaz de estudiar (casi) ninguna otra cosa, pero más adoro mi tierra. Mas adoro poder algún dia estrenar un cuchitril de alquiler y poder decirle a mis padres que vengan a verme. Más adoro poder ver a mi sobrino crecer. A mis amigos avanzar. Adoro más todavía tener cerca a la gente que necesito. Tomarme las uvas con mis hermanos. Adoro aun más la idea de poder celebrar mis cumpleaños con mis amigos. De poder abrazar a alguien en el momento que me necesite y no mandarle un beso por skype.
Perdónadme, pues, por querer algo que se han encargado los de arriba de joder.
Plantéense que en lugar de instarme a disfrutar de esta maravillosa "movilidad exterior" deberían arreglar algo que han estropeado ustedes. Planteénse que hay miles de jóvenes como yo yéndose lejos de sus familias y formando las suyas. Y que quizás, solo quizás, formen una familia lejos de aqui y no vuelvan. Están separando gente. Por cojones.
No es movilidad exterior. Miéntanse ustedes, si quieren. Es exilio.

29 jun 2013

Seis grados de separación

Se le llama “Seis grados de separación” a la hipótesis que intenta probar que cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios (conectando a ambas personas con sólo seis enlaces), algo que se ve representado en la popular frase «el mundo es un pañuelo». La teoría fue inicialmente propuesta en 1930 por el escritor húngaro Frigyes Karinthy en un cuento llamado Chains. El concepto está basado en la idea de que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena, y sólo un pequeño número de enlaces son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en la población humana entera.
 
 
 
 
El hermano de tu mejor amiga y yo fuimos a la misma clase en la facultad.
La ex de tu mejor amigo trabaja con un chaval al que no puedo soportar, que se hizo llamar amigo mío durante años.
He pasado por delante de tu facultad durante seis meses casi a diario. Aunque en bus, y no coincidiríamos en el porque tu siempre fuiste más de coche que de bus.
El chico que le hace las fotos a tu amiga cantante, es el mismo que le hace las fotos a mi amiga. Ellas, por supuesto, se conocen.
Una ex tuya es colega de un chaval que me tiró la caña mas de una vez (y más de dos).
Mi abuela es vecina de tu mejor amigo. Probablemente le haya mirado el culo incluso.
He hecho un curso en el edificio multiusos de al lado de tu casa, y pasado por tu campillo cienes y cienes de veces.
Mi mejor amigo, novio de tu hermana.
Le comprabas los condones a mi ex cuando estabas con tu ex.
Y yo me he paseado durante mucho tiempo muy, muy cerca de ti.
Salíamos por los mismos sitios.
Y nunca te vi. Y créeme que me hubiera quedado con tu cara. La primera vez que la vi ya se quedó ahí. Hablamos, bromeamos y nos despedimos. Volvimos  a vernos las caras (esa que ya sí conocía) algo después. Yo estaba algo deshecha. Tu más recompuesto. Y ahí empezó todo.
 
 
Lo que es la vida, he dado vueltas alrededor tuya sin saberlo. Debía de estar buscando pistas para encontrarte...
 
Todo este andar.
Perderse. Equivocarse.
Señalar rumbos.
Crecer en la alta noche
multiplicando rostros de silencio,
no fue sino buscarnos.
Desesperadamente.


31 may 2013

El día que me cambió la vida.

El día que me cambió la vida no hubo grandes acontecimientos, ni una gran escena final, ni música apoteósica ni unos largos créditos finales.
El día que me cambió la vida, me tomé un manchao de los míos, me canté un par de canciones, y me fui para mi casa. Eso sí, una jartá de guapa.
Y es que el día que me cambió la vida, no salió ni el sol. Por no tener, no tuve ni la capacidad de decidir si quería que ese día, MI DIA, me cambiase la vida. Siempre he sido así yo... Muy de dejar para mañana. Lo hicieron por mí, me dijeron: -Oye Rocío, que a partir de hoy, nada va a ser lo mismo para ti. Y no caben devoluciones, ni quejas, ni reclamaciones. Y así, sin más, me vi con las maletas de una vida nueva, en la puerta de una casa que no había escogido yo.
Tardé en darme cuenta. Mucho. Pero no tanto como para no poder ver que el día más malo que puedas recordar, el más triste, en el que lo único que falta es la típica chinilla en los botines, puede ser el día que te cambie la vida.

13 may 2013

Y se vuelve a querer de nuevo.

Se deja de querer, y no se sabe
por qué se deja de querer.

Es como abrir la mano y encontrarla vacía,
y no saber, de pronto, qué cosa se nos fue.
Se deja de querer, y es como un río
cuya corriente fresca ya no calma la sed;
como andar en otoño sobre las hojas secas
y pisar la hoja verde que no debió caer.
Se deja de querer, y es como el ciego
que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren;
o como quien despierta recordando un camino,
pero ya sólo sabe que regresó por él.
Se deja de querer como quien deja
de andar por una calle, sin razón, sin saber;
y es hallar un diamante brillando en el rocío,
y que, al recogerlo, se evapore también.
Se deja de querer, y es como un viaje
destinado a la sombra, sin seguir ni volver;
y es cortar una rosa para adornar la mesa,
y que el viento deshoje la flor en el mantel.
Se deja de querer, y es como un niño
que ve cómo naufragan sus barcos de papel;
o escribir en la arena la fecha de mañana
y que el mar se la lleve con el nombre de ayer.
Se deja de querer, y es como un libro
que, aún abierto hoja a hoja, quedó a medio leer;
y es como la sortija que se quitó del dedo,
y sólo así supimos que se marcó en la piel.
Se deja de querer y no se sabe
por qué se deja de querer...

José Ángel Buesa.

22 mar 2013

Contra la pena.

"En cambio, cuando te miro, todo cobra sentido. Y si vale la pena, es por ti."
 
Solo necesito unas risas acaloradas por la calle Tetuán. Solo necesito unas manzanillas en un bar que nos regala croquetas aunque pidamos colacao. Solo necesito patinar, patinar, y más patinar. Solo necesito ver tu cara al ver, que por segunda vez, una rosita es tuya. Solo necesito ver el perfil de mi sobrin@ en blanco y negro. Solo necesito que me dediquen una tarde al sol mientras me acarician al pelo sin prisas, sin tener hora límite salvo la que el sol tenga por oportuna.
 
Tras todo lo que ha llovido, sigue mereciendo la pena seguir adelante.

5 mar 2013

Contra el miedo

Ponerle una etiqueta solo lo hace evidente. Lo define. Ponerle un nombre me recuerda lo que es. Ponerle un nombre me recuerda que todo lo que nace, muere. Ponerle nombre es saber que me hará daño cuando se acabe.
Y yo tengo demasiado miedo a los finales.
Tengo miedo a tener miedo.