¿No te ha pasado nunca pensar en toda esa estabilidad que te rodea? ¿Nunca has sentido como esa estabilidad peligra y está absolutamente pendiendo de un hilo? No recuerdo, ni para bien ni para mal, una época de tanta estabilidad en mi vida. No laboral por supuesto, no sentimental tampoco. Digamos espiritual, por ponerle un nombre. No me he convertido en una persona de cemento (cosa que bien podría ser así, de lo cansina y agotadora que puedo llegar a ser), pero digamos que determinados sucesos han hecho que al menos, sí que tenga un muro a mi alrededor que impida que pase casi todo aquello que pueda llegar a putearme. Casi.
Estoy firme. De pie. Con fuerza.
¿Pero podría mi fuerza aguantar un huracán?

0 comentarios:
Publicar un comentario