16 nov 2009

Odio

Odio la ensalada de verano y las luces amarillas que alumbran el extrarradio. O alguna canción de ese estilo debería pensar en componer en breve. Será la falta de algo en lo que ocupar mi existencia, o el síndrome pre-menstrual que jamás he padecido que viene a vengarse por todos estos años de paz. Pero últimamente lo odio todo. Y hoy MÁS.
He cogido el coche. Yo sabía (tenía el presentimiento más bien) que hoy no debía cogerlo. Algo me lo decía en mi interior, la vocecita que me dice que tú no le gustas, esa misma. No tenía ganas de sacar el coche de mi jodienda de aparcamiento, no no y no. Pero claro, contarle esto a una abuela artrítica no es convincente, así que la he intentado llevar a su casa. Sí, intentado. Porque claro, servidora con cuatro meses de carnet de conducir sabe llegar a Tomares, a Camas, y de vuelta a casita. Y mi suerte no iba a ser que mi abuela viviese ahi, nooooooooooooooooo... Mi abuela vive en el Polígono Norte (toma que toma). Es decir, he de pasar por tooooooodos los semáforos de Sevilla, por tooooooooodos los radares de Sevilla, y lo que más me toca los ovarios en estos momentos, TOOOOOOOOOOODOS los carriles reservados al bus de Sevilla. ¿Y qué pasa?
Que me he metido en uno y puede que me hayan multadooooooooo :_________(

2 comentarios:

vidimus dijo...

Yo es entrar en una ciudad grande con el coche y es perder los nervios. Otro motivo más para no querer vivir en una.

Álex Ruiz dijo...

No hay cámaras aún para los carriles bus, así que ya puedes esperar sentadita con una buena ración de palomitas que no vaya a llegar ninguna cartita maliciosa a tu buzón (bueno, a lo mejor si, no sé como andarás de enemigos, pero no será de los malignos chupopteros de la dirección general de tráfico).

Un saludo, Cat ^.^