Me encuentro, cola cao y galletas tosta rica aparte (que dios bendiga estos pequeños momentos en los que me salto la dieta), en una etapa de bastante apatía. Hay algunas, por no decir bastantes cosas, que no están saliendo como yo quería. Ni de lejos. Hay muchos momentos en los que me vuelvo a sentir más pequeña y más pequeña cuando me comparo con alguien. Pero se darle la vuelta a la tortilla de una forma razonable. Por eso mismo es por lo que no tiene que cundir el pánico (O al revés, como decía el Chapulín Colorado) entre determinadas personas que ya se estaban preocupando demasiado por servidora.
No uso el blog como única fuente donde derramar mis penas. No señor. Hace aproximadamente un añete, di por cerrado un blog porque ya no podía hacer de el lo que yo quería. Me sentía observada. Sentía que tenía que dar explicaciones de todas y cada una de las palabras que dejaba ahí escritas. Y no es lo que quiero para éste. No quiero dar explicaciones, justificaciones y motivos por los que en un determinado momento (de bajón, o de sarcasmo, o de coña absoluta) escribo lo que escribo. No quiero hacerlo porque no tiene más importancia que lo que cuente mientras nos tomamos un café caribeño en un café de indias. Necesito un espacio chiquitito donde soltar la burrada y el agobio del momento para, al dia siguiente, sin que nadie me diga que estoy gilipollas o que no tiene sentido, darme cuenta de que, efectivamente, era gilipollas y no tenía sentido.
Se que la inmensa mayoría de las cosas que me preocupan hoy son una gilipollez. Se que no tiene sentido que me compare con nadie, que me sienta menos, que me vea cada vez más pequeñita mientras los demás se hacen grandes o que me avergüence de determinadas cosas. Lo sé. Pero tengo que darme cuenta yo, sin que nadie me lo diga. Sin que nadie me lo cuente.

2 comentarios:
No me parece bien la forma de decirnos ésto, la verdad.
Pero he captado la "indirecta".
A partir de ahora no preguntaré más allá de lo que vea con mis propios ojos. Nada de lo que lea deberá preocuparme.
A mí también me pasaba en su momento. El problema de la palabra escrita es que invita, más que a la reflexión, a la divagación y a la interiorización. Mi blog debía ser en su momento un "instrumento del mal" (ya te contaré) pero otros motivos fueron añadiéndose a los iniciales. Y llegó un punto en que sentí verdadero temor de lo que escribía. Por eso abrí el otro blog donde volcaba muchas cosas hoy borradas en la reconversión del mismo únicamente a blog con versos. Me planté, dije que el que no se sintiera a gusto con lo que escribía que bebiera agua (sí, yo también receto agua para las molestias en este caso "espirituales") y punto. Como diría una puta, "esta es mi esquina y hago lo que me sale del XXXXX".
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